Si, como decía Cadalso, el arte tiene que ser útil, ‘En la Cama‘, obra de teatro estrenada en el teatro Lara y protagonizada por María Esteve y Roberto San Martín, es la culminación del arte tal y como lo conocemos. Todos los asistentes al teatro salimos concienciadísimos del drama que viven las mujeres maltratadas, la gente que pierde un hermano, los hombres que tienen una relación difícil con su padre, las niñas violadas, los niños de África y los infelices en general.
Al entrar en la decimonónica sala, nos dan el programa: Tiene al menos 3 faltas de ortografía. Bien. La obra empieza, los protagonistas follan. La cosa va a ser moderna y atrevida. Bien. Los protagonistas terminan de follar, y se ponen a hablar. Peor.
El resto de la obra es así: Los protagonistas, siguen hablando, con interludios para follar más veces. Para que no nos perdamos, hay capítulos, separados por el sonido de una fotocopiadora gigante y música de teletienda. Las conversaciones son aburridas, aunque de vez en cuando hay confesiones dramáticas. Pasan cosas originales, como cuando él dice el nombre de otra mientras follan. Estuvo inspirado ahí el autor. Se mezcla el lenguaje “de la calle” (“la segunda vez no me pegó, me caí por las escaleras”) con frases pretenciosas que no pegan ni con cola (“Lo nuestro no puede ser. Tú fuiste la aventura antes del resto de mi vida y yo el descanso antes de tu viaje”. O algo así). En resumen, una mierda como un cuello.
Pero al público le gustó.
Tengo una teoría de por qué, of course. Ella es una mujer independiente, divertida y facilona. Parece orgullosa y autosuficiente, pero su marido le pega y ella en el fondo necesita un hombre que la quiera. Él es un hombre también divertido, guapo, llorica y sensible. También parece independiente, pero en el fondo es así por un trauma infantil (nuevo destello de genialidad del autor) y necesita una mujer que le comprenda. Los protagonistas son el hombre/mujer ideal de cada uno de los miembros de público, y además follan bien. No sólo son almas gemelas entre sí (eso es lo de menos), sino que son nuestras almas gemelas. Veríamos películas de Godard y haríamos reiki con ellos. Y que conste que esas datos los saco de la obra: Reiki y Godard. ¿Qué más necesita uno para excitarse?
Sigmund Freud baila, los psicoanalistas van al cabaret.
Lo peor de todo es que este alud de memez y autoayuda simplona está subvencionado por la Comunidad de Madrid, es decir, mis impuestos. Y encima las entradas valen 20 € (afortunadamente, yo iba con invitación). Una de dos: o el técnico de iluminación cobra 12000 € al mes, o no va a ver la obra ni Dios.
Cosa que por otro lado es normal.
‘En la Cama’ te gustará si: Amélie te parece la mejor película de la historia, firmaste la carta para echar a Boyero de El País, tu novio lleva coleta y hace yoga, te pegaban de pequeño.
‘En la Cama’ no te gustará si: Eres uno de los 3 amigos que fueron al teatro ayer conmigo, no te gustó el Caballero Oscuro, te da vergüenza ajena cuando la gente grita “bravo” al final de algo mediocre.