
Porque afeitarse es para niñas
Las barbas hay que cuidarlas. Conozcámoslas, cuidémoslas y disfrutemos de ellas.
Desde la reflexiva barba de Confucio hasta los temperamentales pelos faciales de Vincent Van Gogh, pasando por la genial barba de Leonardo DaVinci, la barba libertadora de Garibaldi, la generosa barba de Santa Claus (ups), la fenomenológica barba de Husserl, la masónica barba de Tolstoi o la terrible barba de Thor; todas presentan un sinfín de posibilidades y destellos de poder y genialidad.
Porque como dicen los afganos: Una mujer con barba parece un hombre. Y un hombre sin barba parece una mujer.
O los griegos: Hay dos tipos de personas que no llevan barba, las mujeres y los niños. Y yo no soy ninguno de los dos.
Acordada unilateralmente la supremacía estética y cultural de la barba, decidnos, ¿cuáles son vuestros barbudos favoritos?